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Raquetas de nieve en el Valle de Tena

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Excursión con raquetas de nieve en el Valle de Tena

Una gran nevada es algo a lo que no estamos acostumbrados, sobre todo en las grandes ciudades. Cuando eso ocurre, todos estamos deseando salir a la calle y pisar la nieve recién caída, aunque eso signifique romper un poco la magia de la uniformidad de la nieve estropeándola con nuestras huellas.

Si encima dicha nevada te pilla en el pirineo, la sensación que produce es algo difícil de explicar, sobre todo cuando viene de sur, es decir sin viento.

El paisaje de montaña, normalmente abrupto con sus salientes, deformaciones y rocas, de repente se transforma en un paisaje redondo y uniforme, que cubre todo con un suave manto que absorbe los sonidos y suaviza los contornos.   

¿Quién no ha deseado detener el tiempo en una de esas estampas en las que la naturaleza parece estar en completo reposo, y al mismo tiempo dejarse llevar por el impulso de salir a la calle, hacer una bola de nieve y tirársela al primer desconocido con el que se cruce, sabiendo que la recibirá con una sonrisa para a continuación devolvértela sin ningún pudor?

Hace ya unos años coincidí, en uno de esos días en los que el sol luce después de un par de días nevando, con un grupo de amigos que nos contrataron una excursión con raquetas de nieve.

Yo sabía que el éxito estaba asegurado, gente joven con ganas de pasarlo bien y un precioso día soleado con nieve recién caída.

Lo que terminó de rematar la faena fue el lugar escogido para dicha excursión; el bosque del Betato, un maravilloso hayedo situado entre Tramacastilla de Tena y Piedrafita de Jaca a los pies de peña Telera.

Yo ya lo conocía bastante bien porque en verano pasaba prácticamente a diario por allí, ya que es dónde empieza la aproximación al Gorgol. 

Ya os contaré alguna aventurilla en ese barranco cuando llegue el momento.

El bosque del Betato es conocido, aparte de por su riqueza botánica, a base de abedules, pinos y sobre todo hayas, por antiguas historias que hablan de un bosque encantado en el que se reunían las brujas de la zona para realizar sus aquelarres. Esas historias nos daban mucho juego a la hora de poner un poco de emoción, suspense y porque no decirlo de descanso para los clientes en la aproximación al inicio del barranco. 

Lo que no me esperaba es la transformación que puede suponer para un sitio así una buena nevada. 

El cambio es espectacular, la quietud y el silencio se vuelven protagonistas. Recuerdo perfectamente la primera parte de la excursión en la que todavía se escuchaba a los clientes comentando el espectáculo que estaban viendo sus ojos hasta que todos fueron callando paulatinamente para sólo observar y sentir la hermosura.

Fue entrar en el bosque y recalar en un escenario mágico, en calma total, en el que se proyectaba un espectáculo de serenidad y belleza, sólo interrumpido por nuestras pisadas y por algún desprendimiento casual de nieve de los árboles.

Recuerdo que permanecimos en silencio hasta que el bosque se abrió y tomamos el sendero en dirección al Ibón de Piedrafita, a partir de ese momento, igual que cambia la orografía del terreno, nuestro cerebro hizo un click y volvimos de vuelta a la realidad después de haber estado un rato atrapados en un mundo mágico de duendes, elfos, hadas y brujas.

Raquetas de nieve en el Valle de Tena

El premio fue una preciosa imagen del Ibón helado a los pies de peña Telera.

A la vuelta mientras tomábamos un café calentito comentando la excursión con los clientes, todos coincidimos en lo mismo, algo había pasado dentro del bosque, pero ninguno supimos explicar qué. Imagino que porque fue diferente para cada uno.

He de confesar que después repetí esa excursión muchas veces, pero como os podéis imaginar la sensación nunca volvió a ser la misma. Quiero pensar que fue una mezcla de muchas cosas, la nevada recién caída, el silencio o la sugestión de las antiguas historias de brujas. Lo que está claro es que es, sin duda, uno de esos sitios a los que merece la pena ir en cualquier época del año.

Si buscáis información sobre esta excursión, encontraréis que tiene una dificultad baja y que dura aproximadamente 1 hora y 30 minutos ida y vuelta. Tened en cuenta que, si tenéis la suerte de poder hacerla en pleno invierno con nieve recién caída, se puede ralentizar un poco y ojo con los abductores, debido a la anchura de las raquetas hay que llevar las piernas algo más separadas de los habitual y es posible que a la mañana siguiente los notéis cargados.

Y como siempre os digo, no hay nada como un buen escondite para descansar al calor de una buena chimenea después de una dura caminata. Si buscas uno donde pasar unos días, pincha aquí y te enseño el mejor Escondite de Biescas.

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